Eneduana

 

Enheduanna parece un nombre inventado, pero no lo es. Buscábamos un nombre nuevo, un nombre de mujer para llamar al fruto de nuestro deseo nacido de una relación entre mujeres de más de veinte años. El nombre, extraordinario y singular, llegó a nosotras siguiendo las palabras y las huellas de otras mujeres. 

 
 

De la oralidad, cuyo origen hoy nadie cuestiona que sea femenino, como todo origen, al nacimiento de la escritura, la voz de una mujer acuna la historia. De su canto en el templo a la salida de este, a los campos de cultivo y la intimidad de la alcoba, las mujeres han cantado y contado su experiencia singular y sexuada.

 

Entonces, Enheduanna. Su nombre custodia la autoría del primer texto del que tenemos noticia, 350 años después de la fecha inicial de la escritura, a principios del tercer milenio antes de Cristo.  

Suma sacerdotisa acadia y primera poeta de la historia eminitó su voz solemne en un entorno ya receloso y hostil al protagonismo que las mujeres tienen sobre esa invención simbólica de la que son fundadoras y que son las religiones.

Hija del rey Sargón (2371-2316 a. C.), fundador del Imperio acadio tras someter al rey de Sumer, nada se sabe de su madre. Y aunque la autoría de Enheduanna a veces se cuestiona reduciéndola a compiladora, quedan fragmentos de los 42 himnos conocidos como Los himnos del templo sumerio que figuran bajo su nombre y que no se empezaron a estudiar hasta los años sesenta del siglo XX. En distintos hinmos se cita a sí misma, en otros se identifica con la diosa lunar, Nanna, vinculada a Inanna, diosa de la fertilidad, a la que rinde culto y de la que habla partiendo de sí cuando expresa, entre otras cuestiones, su enfrentamiento con los sacerdotes. 

Su estilo es excelso y directo, como el que recorre los cantos anónimos femeninos del antiguo Egipto a la poesía hindú que compone el Kurumtokai (s. IV y III a. C). Mucho antes, la poesía anónima del Shi Jing (siglos IX-IV a. C.) y, luego, las jarchas medievales y los izram, que aún cantan las mujeres bereberes en el Rif. 

Entonces, Eneduana.

  • Soy Enheudanna, la sacerdotisa de Nanna (…) Reina de todos los poderes otorgados, como la luz no oculta tras un velo, vestida de resplandor, oh infalible, cielo y tierra son tus ropajes.