La experiencia femenina del amor. Lo masculino y lo femenino en la historia. 

 

Sentidos libres de lo femenino

 

Módulo 5 

25-26 febrero

 

Pese a su aparente solidez, las ideas de realidad y verdad son constructos culturales. También lo son las ideas sobre el amor, junto con las conductas y las relaciones de y entre los sexos. Una distinción que interesa y que ha sido señalada por la historiadora María-Milagros Rivera Garretas.         En la actualidad, los sentidos que adjudicamos a lo femenino y lo masculino, al amor y a las relaciones, de y entre los sexos, nos parecen naturales por comunes, pero participan de un elaborado proceso que cada cultura inaugura resignificando y borrando las huellas de significados anteriores. Hay un pensamiento femenino que custodia una experiencia del amor que es distinta a la experiencia ḿasculina recogida en famosas teorías y compendios. La experiencia femenina ha acogido en cambio formas excelsas en la poesía, género de origen femenino, a través de la lengua materna, que mantiene unido el cuerpo a la palabra.

Es una tendencia común en el tiempo, que más hombres que mujeres se separen del amor, bien sublimándolo, bien teorizándolo, haciendo de este un objeto sin vida. Es una tendencia en el tiempo, que más mujeres que hombres hagan del amor un signo y un pasaje a la trascendencia. 

 

 

En este módulo, el trabajo con el cuerpo irá encaminado a permitirnos sentir el juego abierto por ambas polaridades –femenino y masculino–  en nuestras experiencias de movimiento y de vida. A buscar en el cuerpo propio los signos encarnados del amor.              

 

La filósofa Prudence Allen ha distinguido tres teorías sobre las relaciones entre los sexos a lo largo de la historia que fueron defendidas indistintamente por mujeres y hombres: 1) Teoría de la unidad de los sexos, en la que mujeres y hombres son entendidos como iguales sin que existan entre ambos diferencias significativas, 2) Teoría de la polaridad entre los sexos en la que mujeres y hombres son entendidos como significativamente diferentes y los hombres son superiores a las mujeres y 3) Teoría de la complementariedad que sostiene que mujeres y hombres son significativamente diferentes y que son iguales. La segunda, las más misógina, fue defendida por Alberto Magno y Tomás de Aquino. La tercera, de significado más libre, por Hildegarda de Bingen (1098-1179) y Herralda de Hohenbourg (abadesa desde 1176) entre otras. La primera, elaborada durante el llamado Renacimiento, ha triunfado en nuestros días a través de las políticas del igualdad institucionales, que no han remediado la llamada discriminación de género y mucho menos la violencia de los hombres hacia las mujeres. Tampoco el estancamiento del deseo femenino en el deseo del otro produciendo además estados de enorme confusión vinculados a las leyes y a un derecho que se resiste a nombrar la inviolavilidad el cuerpo femenino. (Lia Cigarini)

La igualdad pretende borrar con el uso de la palabra persona (del. lat. “máscara”) el sentido libre de la diferencia sexual, sentido que custodia la riqueza de las disparidades.